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| Foto: https://commons.wikimedia.org/wiki/Main_Page |
He dejado tantas veces el periodismo que ni siquiera me acuerdo de cuándo o cómo fue la primera vez que intenté dejarlo. Yo cierro los ojos, corro todo lo deprisa que puedo y siempre miro hacia adelante, pero él me atrapa un segundo antes de que consiga esprintar para tomar el impulso suficiente para que no haya ya marcha atrás. Es mi relación tóxica-adictiva preferida y, por supuesto, la más antigua: con catorce años escribí mi primer ¿reportaje?, con quince dedicaba la tarde de los viernes a hablar por la radio. Si lo pongo por escrito ahora por aquí es simplemente para tratar de superar la vergüenza que me produce recordarlo. La conocida melancolía en sepia con acné de finales del siglo XX.
'El error junto al lago' es, si no me falla la memoria, el quinto blog que comienzo en mi vida (más o menos) adulta, un dato que es importante porque supongo que me describe muy bien: empiezo cosas, eso es innegable, pero que las termine es una historia ciertamente diferente. De mis blogs lo que más me gusta son los nombres que les pongo ('Los necios se conjuran', 'Patadas adolescentes', 'Siempre quise ser Derek Redmond' o cosas así), lo que me lleva a pensar que únicamente creo blogs para ponerles un nombre que me guste. Alguno de vosotros, encorsetado entre las férreas reglas de este mundo políticamente correcto, no lo entenderá, pero yo creo firmemente que la de crear blogs para ponerles un nombre que me guste es una afición tan interesante, placentera, loable y destacable como la del Groundhopping (gente que se dedica a visitar estadios de fútbol por todo el mundo) o la del Trainspotting (gente que se dedica a observar trenes). De alguna forma tengo que vivir mi vida.
En 'Una canción', mi primera novela, escribí "quiero ser capitán del equipo de baloncesto de un instituto americano" y, aunque la edad y mi poca altura no me van a permitir cumplir con esa sentencia, en los próximos días me marcho a vivir durante una larga temporada a 6.759 kilómetros (y un océano) de distancia de mi casa para comprobar de primera mano si el 99.9% de mis referencias cinematográficas, literarias, musicales y deportivas son verdad o si llevo viviendo dentro de una mentira desde mi más tierna friki (weird, nerd, redneck, geek) infancia. Si tuviera, por ejemplo, el talento de Pepe Colubi escribiría un libro tan divertido como 'California 83' para acercaros mi cada vez más próxima experiencia estadounidense, pero, como no lo tengo, a partir de este mes de julio intentaré dejaros por aquí aquello que más me sorprenda o que considere reseñable de lo que me ocurra allí. O, lo más seguro, en realidad al final no pondré casi ninguna entrada y tendré otro blog sin actualizar pero con un nombre molón.
Y, por cierto, para el que se lo esté preguntando: sí, el error soy yo. Y, sí, voy a vivir en una ciudad al lado de un lago. De uno muy grande.
PS: Un par de apuntes. Uno, la ciudad de la foto es Chicago. Dos, en Estados Unidos se le llama "el error junto al lago" (the mistake by the lake) a Cleveland, no a Chicago. Así de incongruente soy.

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